miércoles, 5 de junio de 2013

COMENTARIO DE TEXTO CANCIÓN DEL JINETE DE LORCA

Lorca.


El presente texto va  a ser comentado  siguiendo tanto el modelo de comentario de Díez Borque y Lázaro Carreter como la Teoría de las Funciones del Lenguaje.

Con una primera lectura observamos que dicho texto es literario, lo que supone que el autor ha empleado extrañadores. El que más resalta es el hecho de  que se dispone en verso. Sin embargo no puede decirse que pertenezca a ningún subgénero poético concreto. De hecho, esta libertad nos indica que nos encontramos ante un poema del siglo XX.

Respecto al punto de vista de la voz, al catalogar el poema dentro del género lírico, nos encontramos con un yo, como indican los morfemas verbales (sepa) y elementos como yo, me o mi..

El yo lírico parece un campesino; pero el tú textual no se identifica fácilmente, pues parece cambiar (¡ay mi jaca valerosa!).

Este poema, que  empieza in media res, presenta dificultades de interpretación, incluso ha llegado a decirse que es un sueño, una pesadilla surrealista.
Podríamos resumir el poema del siguiente modo: el yo poético, un campesino que tras recoger aceitunas marcha a Córdoba; sin embargo, todo son premoniciones de muerte que indican que no llegará a su destino.

En cuanto al tema, es posible afirmar que es la MUERTE. Acerca de las intenciones, no quedan claras. Tal vez pretenda tratar el tema de la muerte desde otro punto de vista: el misterioso y legendario al incluir presagios y las creencias de los pueblos andaluces. Tal vez esté empleando, como se ha mencionado más arriba, el surrealismo.

Si pasamos a la estructura externa, hemos de referirnos a que el poema no constituye una estructura académica. El texto se abre y se cierra con un pareado (un verso de tres sílabas y otro de cinco). Entre ellos se encuentran tres estrofas de cuatro versos octosílabos, cuya rima asonante en los pares recuerda a los romances. Pero también recuerda a la copla.

En cuanto a la estructura interna, podemos dividir el poema en dos partes: dos primera estrofas de cuatro versos y la última, ambas marcada con el paréntesis del pareado. Ya se ha advertido que la estructura de poema es in media res y que concluye sin saber a ciencia cierta qué ocurre con el yo poético. Las dos primeras estrofas presentan y describen el paisaje y las premoniciones. La tercera  se compone por exclamaciones del yo lírico lamentándose d su próxima muerte, una muerte misteriosa para el lector. Éste tal vez imagina que los bandidos  atacaron y asaltaron al campesino (la luna roja es símbolo de asesinato en la superstición del pueblo).

Acerca de las funciones principales del poema, como en cualquier texto literario en este sobresale la función estética. Destaca también la expresiva, sobretodo en la cuarta estrofa. Hay que añadir la referencial.

Sobre el nivel fonológico del poema, es posible referirse al empleo del verso como unidad mínima, sobresaliendo el uso de ENCABALGAMIENTOS, que dan sensación de desequilibrio y desasosiego. De manera que se vincula con el tema del texto.

En cuanto al RITMO DE CANTIDAD, es importante señalar que nos encontramos ante un poema de arte menor, alternando los versos de dos, de cinco y de ocho sílabas. Esta asimetría también apota la sensación de desasosiego y desesperanza que rodea la composición. En este punto también cabe referirse a las sinalefas, como en el segundo verso (lejana y sola).

También nos interesa tratar el RITMO DE INTENSIDAD O ACENTUAL. El acento estrófico recae en la penúltima sílaba, siendo impar. De modo que nos encontramos antes un ritmo trocaico y acento paroxítono. Sin embargo, existen excepciones en el primer, sexto, décimo, decimocuarto y decimoquinto versos, donde se repite la palabra Córdoba, cayendo el acento en esdrújula y dando lugar a proparoxítonos. No obstante, debemos tener en cuenta que se resta una sílaba en esos casos.

A pesar de la desesperanza del poema, éste presenta equilibrio con el acento rítmico, como si el yo lírico supiera que no le queda más remedio que aceptar esa muerte.

Si pasamos al RITMO DEL TIMBRE, nos hallamos con empleo de RIMA ASONANTE (o –a) en los pares, menos en los pareados.

Por todo, se advierte que la composición recuerda al ritmo de marcha fúnebre, en concreto el ostinato. Así, observamos que fondo y forma se unen para la expresión del tema de la muerte.

En cuanto a las figuras retóricas que destacan en este poema, ha de referirse a la repetición de Córdoba de forma insistente. También destaca la aliteración de o, que se une a la sensación de oscuridad y cierre que transmite el poema, relacionándose con la posterior referencia a la luna llena. No ha de olvidarse de la onomatopeya Ay.


En el nivel morfosintáctico llama la atención el empleo de estructuras simples. Encontramos enunciados sin verbo, que escasean (cuatro verbos) ya en el principio. Son contados y pausados, relacionados con el ritmo lento tanto de la jaca como de la marcha fúnebre. De modo que destacan las elipsis de verbos.

Otra figura morfosintáctica de omisión es asíndeton; es decir, la falta de conjunción en los primeros versos de la estrofa tercera.

Aquí debe volver a recordarse la repetición de Córdoba de forma insistente, como si quisiera hacernos ver que en el mundo misterioso de lo musulmán pueden darse muertes también misteriosas y asuntos que consideramos cuentos.

Ya se ha advertido más arriba que aparecen pocos verbos; en cambio, son numerosos los sustantivos y adjetivos, lo que produce la sensación de estatismo.

En cuanto al nivel léxico – semántico, son relevantes todos los grupos que indican premonición de muerte (isotopía) de forma connotativa: el color negro d ela jaca, aceitunas (ya sean negras o verdes-recuérdese que este color simboliza la muerte para algunos autores por influencia de uno de los caballos del Apocalipsis), la noche, la luna llena de los hombres lobo y los muertos vivientes, la luna roja que indica que va a haber un asesinato según las creencias populares.

Junto a los campos semánticos e isotopías, nos encontramos con algunas figuras retóricas: la personificación de la muerte, que mira y espera, junto a la de Córdoba.

A esto se suman las exclamaciones retóricas angustiosas.

Todo lo comentado hasta aquí –la libertad de la estructura poética y el tratamiento particular del tema de la muerte- nos lleva al siglo XX, concretamente a Lorca, quien recupera las creencias que han quedado en Andalucía para llevar a cabo un neopopularismo en sus poemas. Así que este texto, la Canción del Jinete, pertenece a Canciones (1927).

Ya se ha visto que el conocimiento musical de Lorca se vincula con el poema, pues emplea la marcha fúnebre para sus versos, que tratan el tema de la muerte en relación a presagios, lo que también lo vincula a los romances de emplazados.


De cualquier modo, este poema ha sido considerado sueño o, tal vez, canción que cantan los jinetes para entretener su camino.

Podéis verlo en esquema aquí.


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8 comentarios:

  1. Mi enhorabuena por la capacidad que tienes para comentar con un gran nivel. Mi reflexión en este caso va hacia la PAU, de tan rabiosa actualidad en estas fechas, que desde hace un tiempo suprime de su examen de Lengua y Literatura los comentarios de texto, insinuando que la demostración de la madurez de nuestros jóvenes (un comentario de texto es un ejercicio en el que quedan expuestos estos matices mejor que de cualquier otra forma) no es importante, defenestrando las letras y la capacidad intelectual de nuestra scciedad.

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    1. Bueno, bueno, no es para tanto. El comentario es de nivel de un bachillerato de hace unos años.

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  2. Respuestas
    1. Muestra del fracaso de educación en valores que han tenido sus padres.

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  3. Gran comentario si apruebo este examen será gracias a ti.

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Se agradecen los comentarios, especialmente para no sentirme como una loca que habla sola. Saludos.